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Buenos tiempos en Medellín
Una ciudad probada por la violencia vive su renacimiento

Por Malcolm Beith | 5 jul 04 | Traducido por Albeiro Rodas | 18 enero ´09


Luis Fernando Betancur Merino mira desde la ventana de su oficina del octavo piso. Observa la ciudad colombiana de Medellín y sonríe al vasto panorama. Betancur es el administrador del plan de desarrollo urbano. Cada licensia de construcción debe tener su sello de aprobación. Ha estado bastante ocupado recientemente. El año pasado más de 1.2 millones de metros cuadrados de propiedad fueron desarrollados en la segunda ciudad más grande de Colombia, más del doble de lo que se construyó hace cinco años. En toda Medellín - una ciudad que se encuentra a 1.500 metros sobre el nivel del mar en los Andes -, casas nuevas, hoteles, edificios para oficinas, florecen, lo que mantiene a Betancur felizmente ocupado en papeles. "Son buenos tiempos", dice. "Estamos en un boom".

Hace mucho tiempo Medellín era descrita con palabras duras. El billonario rey de la cocaina, Pablo Escobar, quien era el jefe del cartel de la cocaina en Medellín desde principios de la década de los 70 hasta su muerte en diciembre de 1993, convirtió la llamada Ciudad de la Eterna Primavera en una ciudad de la eterna violencia. Durante la época de Escobar, coches bomba, asesinatos (una escalofriante cifra de 450 asesinatos por 100 mil habitantes) y secuestros, paralizaron la ciudad en el miedo. Para inversionistas, Medellín era intocable. Pero Escovar fue también una especie de Robin Hood para los nativos, construyendo hospitales, escuelas y casas con su dinero sucio. Sin su dinero, muchos oficiales temían, la economía se desintegraría.

Pero ocurrió lo contrario. La muerte de Escobar le dio espacio al talento en Medellín y ahora experimenta un renacimiento urbano y económico. Las exportaciones de la ciudad - desde textiles hasta flores -, alcanzaron un tope de 900 millones de dólares este año, tres veces más de lo que se hizo en toda la década de los 90. Los paisas, como se llama de manera popular a los dos millones de residentes de Medellín, no han sido antes más prosperos que ahora. Las buenas noticias han causado un renacimiento en el orgullo local y los signos por toda la ciudad demuestran el humor reinante: DILO CON ORGULLO: QUIERO A MEDELLÍN.

Medellín ha tenido siempre un potencial económico. La ciudad ha sido siempre el primer centro de producción textil de Colombia y los paisas son conocidos por ser buenos trabajadores y emprendedores. La red de transporte urbano de la ciudad - lo que incluye el Metro elevado construido en 1995 -, es un modelo para el resto de los Andes, mientras sus hospitales y universidades están bien referenciadas. Al mismo tiempo, la privatización de la economía y la apertura financiera a nivel nacional, han abierto los mercados colombianos. El presidente Álvaro Uribe se ha centrado en desarrollar la seguridad en todo el país y esto ha ayudado mucho. "El optimismo que rodea al presidente es fenomenal", dice Jennifer Satz, una analista latinoamericana del Eurasia Group con sede en Nueva York. "Él está tratando de decir ´Nosotros vamos a hacer de este lugar un espacio abierto para la inversión de vuestros dólares".

La criminalidad sigue siendo un problema - los narcotraficantes siguen activos en el departamento de Antioquia, en donde Medellín se encuentra localizado. La guerra civil colombiana, la cual en ocasiones amenaza con ingresar a la ciudad, es también un problema serio. Pero el tenor social de Medellín ha mejorado considerablemente. Se han construido nuevos parques que se llenan de niños, mientras los centros comerciales ya no atemorizan con el miedo a una bomba. La creatividad artística florece por otro lado. "En los pasados diez años, el escenario cultural de Medellín ha experimentado una transformación increible", dice Asnhower Castro Tirada, un músico de 26 años. "La escena musical es rica con rock, jazz, rap, salsa y todo tipo de música. Además hay teatro, arte, opera... Esto no era tan común en el pasado". Los éxitos del cantautor local, ganador de los premios Grammy, Juanes, ha inspirado la creatividad paisa una vez más.

El alcalde de Medellín desde enero, Sergio Fajardo Valderrama, espera alimentar el renacimiento de la ciudad. Una limpieza del río Medellín se encuentra en progreso, así como el desarrollo de un sistema de metro-cable que conectaría algunos de los barrios más pobres en las más altas colinas al Metro. Se han planeado la construcción de más parques que den cabida a la creciente población de Medellín. "Cuando la gente no tiene espacios, esto promueve la violencia", dice Fajardo. También quiere ampliar las fuerzas policiales de la ciudad y desarrollar su entrenamiento para una mejor relación con la población civil. "Las comunidades comienzas a confiar [en la policía]", dice. "Pero las relaciones continúan a ser lo que no deberían ser".

Fajardo, que estudió en la Universidad de Wisconsin, es optimista en cambiar la imagen mundial que tiene Medellín. Tiene como plan una fuerte campaña para promover ante gobiernos y empresarios un aumento de la inversión. ¿Podrá convencer a los escépticos? Lo raro es que sí: el incremento de la inversión privada ha aumentado en un 300 por ciento desde 1993 y más firmas extranjeras llegan. "Esta es Medellín, una ciudad con muchas caras", dice el alcalde. "Escobar es parte del pasado y necesitamos aprender del pasado, pero salir adelante". Eso está claramente sucediendo. Medellín se llena de potencial desde que descubrió su mejor parte.

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