Pero esa es vida
pasada para el señor
Fajardo, el alcalde
de esta ciudad y el
hijo de uno de los
más famosos
arquitéctos. Ahora
insiste en una
inconvencional
filosofía política
que ha vuelto a
Medellín en un eje
de la creación
arquitectónica.
"Nuestras
construcciones más
hermosas" dice el
señor Fajardo de 51
años de edad "deben
ser en las áreas más
pobres".
Con esta idea tan
simple, el señor
Fajardo contrató
arquitectos de
renombre para
diseñar bibliotecas
ensambladas de lujo
y otros edificios
públicos en los más
marginales sitios de
la ciudad. Sus
formas excéntricas –
uno se parece a un
inmenso pedazo de
pan enegrecido
partido en dos -,
ocupan áreas en
donde antes cientos
de actores
combatientes
perdieron la vida en
la guerra colombiana
de la cocaina por
años. Hace años,
dicen los
residentes, una paz
tenue fue impuesta
en el lugar por
narcotraficantes
paramilitares que
derrotaron a sus
ribales.
Ahora Medellín no
está más
estigmatizada como
una de las ciudades
más violentas del
mundo.
Esta ciudad de cerca
de dos millones de
personas tuvo 29
homicidios por 100
mil habitantes en
2006, una abismal
diferencia si se
compara con los 381
homicidios cometidos
en 1991 en una
población de 100 mil
personas.
Elegido en 2003 como
independiente y
dirigiendo una
creciente economía y
un significativo
decline de la
violencia criminal,
el señor Fajardo
convirtió la ciudad
en un modelo para la
nueva educación y el
desarrollo.
Incrementó el gasto
público de la ciudad
en educación al
ponerlo en un 40%
del presupuesto
anual de Medellín
que es de US$900
millones, mientras
que ha aumentado
también el gasto en
el transporte
público y proyectos
de préstamos para la
creación de pequeñas
empresas. Cinco
nuevas bibliotecas
están al centro de
su política social,
pero el señor
Fajardo está también
en la construcción
de un centro
científico y docenas
de escuelas,
mientras expande el
transporte público
con la construcción
de metrocables hasta
los barrios más
populares de las
colinas de la
ciudad. Argumenta
que el pobre
desarrollará las
habilidades
necesarias para
competir a través de
la inversión en
educación y la
creación de nuevos
espacios públicos,
reflejando una fe en
la arquitectura en
aras de lograr la
meta.
"Fajardo lleva a
cabo una larga
apuesta al poner la
presencia del estado
en áreas que por
años fueron
ignoradas", dice
Aldo Cívico quien
dirige el Centro
Internacional para
la Resolución de
Conflictos de la
Universidad de
Columbia y se ha
dedicado ampliamente
al tema de la
violencia en
Medellín. "Usted
tiene que empezar un
proceso de
transformación en
alguna parte".
Muchas partes de
Medellín permanecen
lejos de lo idílico.
Oficiales de la
policía con armas de
asalto y vistiendo
uniformes de combate
aún patrullan muchas
partes de la ciudad.
En el centro, a tan
sólo un paso de la
elegante plaza llena
de voluptuosas
esculturas de otro
hijo nativo de la
ciudad, Fernando
Botero, niños de la
calle se dopan con
pegamento y dosis de
cocaína. Algunos en
Medellín rumoran que
Diego Fernando
Murillo, el jefe de
los paramilitares
conocido como Don
Berna, controla aún
mucho de la ciudad
desde su celular en
la prisión de la
cercana ciudad de
Itagüí. Otros dicen
que los
narcotraficantes
lavan ganancias en
el boom de la
construcción y
construyen
apartamentos y
centros comerciales
que acompañan la
reconstrucción
arquitectónica del
alcalde.
Sin embargo, la
transformación de
Medellín del señor
Fajardo ha cautivado
a la ciudad y, por
consecuencia, otras
partes de Colombia.
Su popularidad está
en 80%, lo que lo
hace el alcalde más
popular del país y
lo pone
potencialmente como
candidato
presidencial al
final del mandato de
este año.
"Lleva a cabo una
redistribución de la
riqueza sin un
discurso sofista",
dice Héctor Abad
Faciolince, un
prominente novelista
y comentarista
político nacional.
"Si Medellín no
puede tomar este
desafío, entonces
¿qué va a pasar?"
El presidente Álvaro
Uribe procede del
departamento de
Antioquia, cuya
capital es Medellín.
Él y el señor
Fajardo fueron
educados en la
ciudad por los
religiosos
benedictinos. Pero
el señor Fajardo
presenta una
separación de las
rígidas políticas
conservadoras del
señor Uribe, el más
cercano aliado de la
administración Bush
en Suramérica.
El señor Fajardo, en
cambio, favorece un
debate sobre la
legalización de las
drogas, una posición
más bien poco
convencional en una
nación que lidera la
exportación mundial
de cocaina. Una
decisión personal,
como la de ir a
vivir con su
compañera
sentimental,
Lucrecia Ramírez
(cerca de la casa
del arzobispo de
Medellín), le ha
traido duras
críticas de parte de
los líderes de la
Iglesia Católica.
La señora Ramírez es
una psiquiatra que
prefiere el título
de "primera mujer"
que "primera dama" y
lidera un esfuerzo
por posesionar
modelos de los
certámenes de moda
de Medellín. Ella
también desafía los
concursos de belleza
con certámenes
alternativo que
premian los
conocimientos de la
ciencia, la
literatura y los
negocios.
No todos en
Medellín, que a
pesar de su historia
de narcotráfico es
considerada una de
las ciudades más
culturalmente
tradicionalista de
Colombia, está de
acuerdo con los
proyectos llevados a
cabo sea por la
señora Ramírez o el
señor Fajardo.
Viejas quintas y
árboles han caido y
los críticos dicen
que la nueva
comercialización
tiene parecidos a
Miami o a Caracas.